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El Modernismo en Gijón

Detalle modernista en Gijón

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Folleto de la ruta de "El Modernismo en Gijón"

Descripción:

En el Gijón de 1900, inmerso en una dinámica de desarrollo en todos los ámbitos, tanto desde el punto de vista económico, comercial, industrial, financiero, como demográfico, social, urbanístico, turístico y cultural, la burguesía emergente perseguirá dejar patente la huella de su presencia y de sus aspiraciones. Y lo hará, entre otros mecanismos, sirviéndose de la arquitectura, así como de la remodelación urbanística de las calles principales de la ciudad. Éstas, destinadas a servir como espacios de residencia burguesa, zona comercial y de servicios, establecen un sector urbano, el del centro, de prestigio, convertido en escenario de una arquitectura de calidad en respuesta a las exigencias de la clase media adinerada.

En este marco, de manera acorde al gusto burgués, en la decoración arquitectónica hallan un campo de expansión las formas modernistas. Aunque es difícil hablar propiamente de una arquitectura modernista lo cierto es que en los años correspondientes al cambio de siglo, conviviendo con otras tendencias, ecléctica, regional, neohistoricista, van a introducirse unos ornamentos, unos materiales y diseños que presentan amplias conexiones con las fórmulas características del repertorio Art Nouveau, permitiéndonos hablar de un modernismo gijonés más o menos evidenciado.

Las edificaciones gijonesas que se hacen eco de dichas formas se concentran en el entorno de las calles Corrida, Jovellanos, Munuza, Cabrales, Instituto, Moros, Trinidad y San Bernardo, principalmente, permitiéndonos seguir un interesante y atractivo recorrido por el modernismo gijonés, uno de cuyos aspectos más representativos es el carácter femenino de la ornamentación. Proliferan, en lo que a detalles decorativos se refiere, cabezas de mujer de largos y complicados cabellos, líneas sinuosas, trazos ondulantes, motivos florales, tallos vegetales, dibujos de capricho... la inclinación hacia lo ligero, lo grácil, lo refinado. Un repertorio de motivos conectados con el naturalismo y el gusto por las curvas ondulantes propios del diseño modernista. Formas que podemos encontrar desplegadas a lo largo de cornisas, balaustradas, arcos, rejerías, puertas y ventanas.

Trazaremos a continuación un escueto itinerario donde hemos recogido una pequeña selección de algunos, unos pocos, de los edificios gijoneses más interesantes y que en modo más amplio responden a las fórmulas propias del modernismo. Es patente en algunas edificaciones, comenzando nuestro breve recorrido en la calle Jovellanos, la conexión con el modernismo catalán. Dicha vinculación puede observarse, primeramente, en el interior de la Iglesia del Sagrado Corazón. El templo, proyectado por el arquitecto catalán Rubio Bellver para los padres jesuitas en el año 1911, recurre en cuanto a la configuración del espacio interno a soluciones que nos remiten a la obra de Gaudi, en concreto en lo que comporta a las secciones parabólicas de la bóveda y los arcos polilobulados del presbiterio.

La fachada principal, pese al mantenimiento de elementos tradicionales como el rosetón central sobre la portada, gablete y torres laterales, se plantea como marco de un diseño decorativo fundamentado en un acusado contraste de luces y sombras de tinte expresionista, visible sobre todo en las torres.

Otro ejemplo destacable en este sentido lo ofrece la casa que, situada en la calle Jovellanos esquina a la calle Merced, fue diseñada por el arquitecto barcelonés José Graner Prat en 1901. Un edificio que, con un desarrollo vertical de cuatro pisos de altura, presenta una tendencia verticalista notoriamente acusada. Recurre a una solución muy característica de estos años que es la del tipo de casa con fachadas a dos calles, típicamente burguesa. Puede observarse en él la relación con el modernismo catalán, especialmente de sabor gaudiano. Dicha vinculación se pone de manifiesto tanto en la llamativa solución de remate por medio de pináculos, como en lo que comporta, de un lado, el movimiento ondulante que sigue la fachada en planta y, de otra parte, a la incorporación de caprichosas formas orgánicas en la decoración de los balcones.

En sus proximidades, trasladándonos a la calle Instituto, nº 16 tenemos un interesante edificio que incorpora un planteamiento de la fachada con decoración Art Nouveau y referencias curvas, debido al diseño de Miguel García de la Cruz, el que bien puede ser considerado como el más modernista de los arquitectos que trabajaron en la villa de Jovellanos. Éste habría de convertirse en arquitecto auxiliar del Ayuntamiento de Gijón desde el año 1903, pasando a ser arquitecto municipal desde el año siguiente, 1904. De la filiación modernista a la que responde buena parte de su producción fueron buen ejemplo los kioskos por él diseñados, a partir del año 1905, así como el pabellón del Casino situado en el Paseo de Begoña que, al lado de diversos edificios destinados a vivienda, cines, centros de recreo y de formación, en su mayor parte por desgracia hoy desaparecidos, presentan como característica principal una deuda bastante evidente con el modernismo belga y francés, los cuales el arquitecto conoció, viajando, de primera mano.

A algunos de ellos nos referiremos más abajo, aunque indicando que entre las muestras más conocidas de su arquitectura contamos en Gijón con un edificio que, si bien nada tiene de modernista, resulta por todos conocido. Se trata del Edificio Paquet, situado en las proximidades del Palacio de Revillagigedo, donde el tono historicista, neorrenacentista y en particular neoespañol, probablemente responda al deseo de otorgarle un empaque y un pretendido prestigio ante la cercanía del mencionado palacio. Ocupando una superficie que supera los cuatrocientos metros cuadrados fue construido haciendo profusa utilización de materiales nobles, tales como el mármol, las maderas finas o los sillares de caliza que encontramos en la fachada donde se recurre al tramo palladiano como solución para los vanos.

Trasladándonos a la calle Cabrales, nº 43, nos encontramos con un magnífico edificio de dos plantas diseñado por Mariano Marín, en el año 1901, para D. Eduardo Menéndez. Marín pasa por ser uno de los más prolíficos y destacados arquitectos de la época del cambio de siglo, diseñando tanto edificios destinados a vivienda como también hoteles, cines y teatros. Un arquitecto que, pese a la pluralidad de estilos que encontramos en sus trabajos, mostraría una inclinación bastante evidente hacia las formas Art Nouveau, particularmente en lo que atañe a la decoración y, aunque menos, a los aspectos de índole compositiva. Por lo que concierne al edificio mencionado, se trata de una casa en la que destaca la presencia de grandes zonas acristaladas, con la apertura de tres líneas de huecos amplios simétricamente dispuestas.

Proliferan en el tratamiento de la fachada los detalles ornamentales de tipo vegetal, en convivencia con gráciles rostros femeninos de cabellos ondulantes en los remates superiores y cariátides. Uno de sus elementos sin duda más destacables es el cuidado puesto en la rejería, resuelta a partir de tallos curvilíneos de tono típicamente modernista. Conviene no perder de vista que en este edificio, como en todos los que mencionamos, la profusión ornamental se explica por el deseo de los propietarios de volcar de cara al exterior con un sentido simbólico su privilegiado status social en relación con la función de representación propia de estas muestras arquitectónicas.

Sin salir de la calle Cabrales, en el nº 18, frente a la playa de San Lorenzo tenemos otro edificio interesante diseñado por Manuel del Busto en el año 1903 para servir como vivienda, bajo el encargo de D. Celestino García López. El arquitecto Manuel del Busto es probablemente más conocido por la numerosa producción que dejó fuera de Gijón, en ciudades como por ejemplo la vecina Oviedo donde, entre otros, diseño el céntrico y monumental edificio del Banco Herrero. En lo que comporta a sus trabajos en la villa gijonesa podemos encontrarmos ciertas fórmulas modernistas aunque en ocasiones perviven sus deudas con los estilos históricos.

La casa de la calle Cabrales a la que nos referimos, pese a haber visto alterada su fisonomía original, mantiene en la composición de su fachada elevada a cuatro alturas, con distintos órdenes superpuestos en cada piso, unos detalles decorativos de raigambre modernista. Dichos detalles, realizados en cerámica, recogen cabezas enmarcadas en medallones junto a jugosos motivos vegetales, conviviendo con un esmerado trabajo en las molduras. Destaca la riqueza de su policromía, hoy desvirtuada con respecto a su estado inicial, a partir de la combinación de diversos materiales, concretamente cerámica, ladrillo, piedra y sillares de caliza en el bajo. De cualquier modo, originalmente su vinculación con las formas propias del Art Nouveau era mucho más evidente, presentando entonces como elemento más llamativo, junto a unos vistosos miradores y diversos elementos realizados en hierro tales como una crestería de remate, una exótica torre-pagoda elevada sobre la rotonda de varios tejadillos superpuestos, siguiendo un gusto japonesista.

Al mismo arquitecto también debemos, otras obras, el Chalet de Ladislao Menéndez, situado en la Plaza de Europa, antes Paseo del Velódromo, proyectado en el año 1907. La casa, de molduras muy cuidadas, recoge influencia del Art Noveau en los detalles ornamentales, ligeros, planos al tiempo que notoriamente simplificados y depurados con respecto a la obra anterior. Presenta como elemento más destacable la presencia de una torre-kiosko angular, una solución de capricho que corona todo el conjunto.

También con ciertas rémoras modernistas, desde luego menos evidentes, a Manuel del Busto debemos el diseño del edificio del antiguo Café San Miguel, el popular Cafetón, situado en la plaza del mismo nombre. En el caso de esta edificación elevada en tres pisos, el aire neobarroco adquiere un peso mucho mayor que las fórmulas típicamente Art Noveau, en especial en lo que comporta al tratamiento de las molduras, sobresaliendo la presencia de complejos pináculos de remate o de la cúpula elevada sobre la rotonda con mansardas.

La calle Corrida, sin duda una de las de mayor solera de la villa de Jovellanos, es un marco incomparable para encontrarnos edificios que, cuando menos en fachada, presentan recurrencias modernistas. Entre ellos nos encontramos con la casa que el arquitecto Mariano Marín, anteriormente mencionado, diseñaba en el año 1903 y que se encuentra localizada en Corrida, nº 35. Se trata de una vivienda estructurada en tres pisos de altura cuyo bajo presenta un aspecto muy distinto al original, al ser reformado para alojar dependencias comerciales. Se aprecia con claridad en la fachada, sin obviar la bidimensional decoración de estilo Art Nouveau, el movimiento, el gusto por las líneas ondulantes, curvas, la diafanidad de los amplios vanos acristalados y la riqueza de la rejería muy elaborada, estilo cinta, en los antepechos de los balcones.

En la misma calle Corrida, en los números 1 y 8, nos encontramos con dos magníficas casas diseñadas por el ya referido arquitecto municipal Miguel García de la Cruz. La que ocupa el nº 1, esquina con la calle de San Antonio, fue diseñada en el año 1911 para D. Antonio Sarri. El edificio ha perdido algunos elementos de los que gozaba el proyecto original, entre ellos una recargada torrecilla de remate calada con óculos, pero sigue reuniendo los requisitos suficientes como para resultar sugerente e ilustrativo del gusto modernista. Sobresale en la fachada, que combina cerámica, piedra y hierro, como elemento más destacable la crestería que corona el conjunto, en especial en la zona de la rotonda donde los pináculos son tratados en un estilo que nos recuerda en cierto sentido la obra de Gaudí.

Con respecto a la de Corrida, nº 8 para comenzar resulta subrayable la complejidad de su fachada. En especial por lo que atañe a la multiplicación de materiales y superficies de diferentes calidades y aspecto, en lo que comporta a la conformación de los paramentos, resuelta a través de la combinación de los azulejos con el cemento y el hierro correspondiente a las ondulantes rejerías. Por lo demás, tenemos una estructuración de marcada simetría, con miradores laterales y vanos amplios de acentuado expresionismo en cuanto a los contrastes claroscuristas.

Presenta así mismo una interesante decoración escultórica donde sobre la fantasía de los motivos, entre ellos las cabezas de mujer entre hojarasca que coronan los balcones, rosales, troncos de vid, etc., sobresale la presencia de ménsulas, a modo de soporte de la mayor parte de los vanos con repisas voladas, que adquieren un aire antropomórfico.

Estos son tan sólo algunos de los ejemplos más significativos de las edificaciones que podemos encontrarnos en la ciudad de Gijón vinculadas a un diseño modernista. No son los únicos. Hay otros que invitamos a descubrir a todos aquellos que sigan el itinerario propuesto y que, a partir de él, busquen nuevos rumbos.

Otros edificios modernistas (arquitecto y dirección)

Mariano Marín Magallón
 
  • Edificio calle Concepción Arenal nº 10
  • Edificio calle Corrida nº 33

Manuel del Busto

  • Edificio calle San Bernardo nº 55
  • Edificio calle Fco. Tomás y Valiente
  • Edificio paseo de Begoña nº 5
  • Edificio calle Instituto nº 37
  • Edificio calle Moros nº 3

Miguel García de la Cruz

  • Edificio paseo de Begoña nº 32
  • Edificio calle Marques de S. Esteban nº 9

Benigno Rodríguez

  • Edificio calle Marqués de S. Esteban nº 12

Antonio Suardíaz

  • Edificio calle Cabrales nº 82